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Por Paul Cudenec

(La siguiente piesa fue publicada originalmente en 2013 en el libroAntibodies, Anarchangels, and Other Essays. Estamos publicándolo ahora en Inglés, Francés y Español, porque creemos que es importante que las personas comprendan la historia de los crimenes contra la humanidad de la OTAN. Es un hecho historico que la OTAN ha patrocinado al terrorismo de derecha para impulsar su estrategia militar, y conforme el conflicto arrecia en Ucrania, debemos estar conocer sobre su repertorio  de trucos sucios.)

El temor al “terrorismo” es una herramienta importante para el sistema plutofascismo en su intento por intimidar a sus esclavos y detenerlos de liberarse a sí mismo de la explotación y el control,

¿Pero cómo se verían las cosas si pudiéramos mostrarle a la gente que lejos de protegerlos de alguna insidiosa amenaza, el sistema es en sí esa amenaza? ¿Cómo se verían las cosas si pudiéramos mostrarles que los verdaderos terroristas son aquellos que están en el poder?

Esto no es un pensamiento fantasioso, todo lo que tenemos que hacer es señalarle a la gente los hechos históricos completamente documentados sobre la historia reciente de Europa.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos y Reino Unido  crearon secretamente una red de grupos de guerrilla “stay-behind” a través de toda Europa Occidental, aparentemente para formar movimiento de resistencia en caso de una invasión Soviética.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos y Reino Unido crearon secretamente una red de grupos de guerrilla “stay-behind” a través de toda Europa Occidental, aparentemente para formar movimiento de resistencia en caso de una invasión Soviética.

Operation Gladio Insignia

Sin Embargo, rápidamente se convirtieron en parte de los esfuerzoas para evitar que  los movmientoes radicales desafieran al capitalismo y actuaron como células terroristas, asesinando a cientos de personas inocentes en una  “estratégia de tensión” para asustar al público hacia los brazos del estado. Gradio – como se conoce la redas – ciertamente no es una realidad ampliamente reconocida o una parte central dell respaldo políticos contemporáneo, pero los hechos están ya en la esfera pública desde tiempo atrás.

Tras muchos años de sospechas y rumores, la primera constatación de la existencia de Gladio se produjo en Italia en 1974, en el marco de una investigación sobre el terrorismo de derechas realizada por el juez de instrucción Giovanni Tamburino.

Detuvo al general Vito Miceli, jefe del servicio secreto militar italiano SID, acusado de “promover, crear y organizar, junto con otros, una asociación secreta de militares y civiles destinada a incitar una insurrección armada para provocar un cambio ilegal en la constitución del Estado y la forma de gobierno”.

General Vito Miceli

En su juicio de noviembre de ese año, Miceli reveló la existencia de una sección especial del SID, diciendo (en palabras de esta traducción bastante torpe) “¡Un Super SID bajo mi mando! ¡Por supuesto! Pero no lo he organizado yo para dar un golpe de Estado. ¡Fueron Estados Unidos y la OTAN quienes me pidieron que lo hiciera!”.

Y 16 años más tarde, en 1990, llegó una confirmación oficial por parte del primer ministro italiano Giulio Andreotti, también como resultado de las investigaciones de Tamburino.

Andreotti reveló que, en lo que respecta a Italia, se había creado un movimiento paramilitar inmediatamente después de la guerra y que luego se formalizó, en 1956, en un acuerdo secreto entre el SIFAR (la inteligencia militar italiana) y la CIA.

Del informe se desprende que la organización había sido en gran parte financiada y controlada por la CIA”.

Dice el escritor Philip Willan, experto en intrigas políticas italianas y autor de un libro sobre el tema en 1991: “Los altos cargos de la red asistieron a cursos impartidos por la División de Formación del Servicio de Inteligencia Británico. Del informe se desprende que la organización había sido en gran parte financiada y controlada por la CIA”.Del informe se desprende que la organización había sido en gran parte financiada y controlada por la CIA”.

El 5 de noviembre de 1990, cuando Andreotti ya había dado a conocer los detalles de Gladio, un portavoz de la OTAN emitió una negación oficial, declarando con firmeza: “Una organización de este tipo no existe ni ha existido nunca en el marco de la estructura militar de la OTAN”.

Pero al día siguiente, otro portavoz tuvo que retractarse avergonzado, diciendo que el anuncio anterior había sido “un error” y que la OTAN no tenía ningún comentario que hacer sobre el tema.

Poco después, el Parlamento Europeo aprobó una resolución en la que condenaba la red y afirmaba que “protestaba enérgicamente por la suposición por parte de algunos militares estadounidenses en el SHAPE (Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa) y en la OTAN del derecho a fomentar el establecimiento en Europa de una red clandestina de inteligencia y operaciones”.

Evidentemente, Andreotti y el presidente italiano Francesco Corsica no iban a admitir realmente ningún vínculo entre Gladio y los atentados terroristas, pero con las conexiones que ya se habían establecido con los servicios secretos, no hacía falta tener mucha imaginación para llenar los vacíos y las investigaciones e informaciones posteriores nos dejan una imagen bastante clara de lo que estaba ocurriendo.

La historia de Gladio de proporcionar una red antisoviética de “permanencia” fue socavada por el descubrimiento de algunas de sus 136 caletas de armas enterradas en lugares secretos alrededor de Italia. Las armas estaban conformadas en gran parte por Kalashnikovs y otras armas soviéticas, además de explosivos procedentes de Checoslovaquia (como era el caso). Como comenta Willan, ¿por qué los estadounidenses y los británicos se desvivirían por suministrar armas a los grupos del Bloque del Este si realmente tenían la intención de luchar contra una invasión soviética? El único propósito obvio es utilizarlas para cometer actos que luego puedan atribuirse a los grupos de izquierda y al bloque comunista.

En 1992, la BBC2 proyectó un documental de Timewatch sobre Gladio, realizado por Allan Francovich, en el que se mostraban los estrechos vínculos entre los terroristas y los agentes de la inteligencia occidental. En el momento de escribir este artículo, la película Operación Gladio, todavía podía encontrarse en YouTube.

La crítica de The Times de la época decía: “Era uno de esos programas que uno imagina que hará caer a los gobiernos, pero es tal la amnesia instantánea generada por la televisión que a la mañana siguiente apenas se menciona en los periódicos”.

Alan Francovich – Inside The CIA: On Company Business, 1980 (Complete) –  Rob Scholte Museum
Allan Francovich

En 1995, Francovich realizó The Maltese Double Cross, sobre los atentados de Lockerbie de 1988. Al entrar a Estados Unidos, murió de un ataque cardiaco en circunstancias misteriosas, en la zona de aduanas de Houston, Texas, el 17 de abril de 1997.

Mientras tanto, las investigaciones continuaron, especialmente en Italia. Una comisión parlamentaria italiana sobre los años de terrorismo en el país concluyó en 2000: “Esas masacres, esas bombas, esas acciones militares habían sido organizadas o promovidas o apoyadas por hombres dentro de las instituciones del Estado italiano y, como se ha descubierto más recientemente, por hombres vinculados a las estructuras de inteligencia de Estados Unidos”.

“Esas masacres, esas bombas, esas acciones militares habían sido organizadas o promovidas o apoyadas por hombres dentro de las instituciones del Estado italiano y, como se ha descubierto más recientemente, por hombres vinculados a las estructuras de inteligencia de Estado

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General Giandelio Maletti

Hubo incluso confesiones de primera mano. En marzo de 2001, el General Giandelio Maletti , ex jefe de la contrainteligencia italiana, admitió: “La CIA, siguiendo las directrices de su gobierno, quería crear un nacionalismo italiano capaz de frenar lo que consideraba un deslizamiento hacia la izquierda y, para ello, podría haberse servido del terrorismo de derecha”.

Las implicaciones de todo esto son obviamente enormes. Como ha comentado el autor y analista de inteligencia estadounidense John Prados: “En esta época de preocupación mundial por el terrorismo, resulta especialmente inquietante descubrir que Europa occidental y Estados Unidos colaboraron en la creación de redes que asumieron el terrorismo. En Estados Unidos esas naciones se denominan “patrocinadores estatales” y son objeto de hostilidad y sanción. ¿Deberían ser los mismos Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia y otros los que deberían estar en la lista de patrocinadores estatales?”

Quizás no sea tan difícil entender por qué, a pesar de la cantidad de pruebas sobre Gladio, todavía no se menciona ampliamente en nuestros medios de comunicación.

¿Cómo empezó todo? Bueno, los trucos sucios se remontan a mucho tiempo atrás, desde la antigua Grecia y Roma, pasando por el Imperio Británico y hasta nuestros días, en todo el mundo y en todo tipo de circunstancias. El término “bandera falsa”, que con frecuencia se aplica al terrorismo llevado a cabo por alguien que no parece, procede originalmente de un truco naval que consistía en atacar a otra fuerza mientras ondeaba la bandera de un enemigo, para provocar represalias contra el objetivo equivocado. Cualquier lucha de poder o guerra ha involcrado probablemente elementos de engaño y manipulación.

Pero, a efectos de este relato, comenzaremos la historia a las 21.15 horas de la noche del 27 de febrero de 1933, cuando una estación de bomberos de Berlín recibió una llamada de alarma de que el edificio del Reichstag, sede del Parlamento alemán, estaba en llamas.

La policía encontró con rapidez a un comunista holandés sin camisa llamado Marinus van der Lubbe. Él y cuatro líderes comunistas fueron detenidos y se declaró que los comunistas estaban iniciando un complot contra el

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alemán.

Adolf Hitler, que había jurado como canciller cuatro semanas antes, instó al presidente Hindenburg a aprobar un decreto de emergencia para contrarrestar el “despiadado enfrentamiento del KPD”. La aprobación del Decreto de Incendio del Reichstag y, posteriormente, de la Ley de Habilitación, supuso la exclusión de los comunistas de las elecciones, la supresión de varios periódicos disidentes y, en general, permitió a Hitler asumir el papel de dictador.

Por primera vez, en 1990, se puso a disposición de los investigadores, material de los archivos de la Gestapo almacenados en Moscú; y una obra de 2001 de dos autores alemanes, Alexander Bahar y Wilfried Kugel demostró que el incendio fue provocado casi con toda seguridad por los propios nazis.

Ahora nos trasladamos al otro lado del Mar del Norte y avanzamos cinco años hasta 1938, cuando, ante la inminencia de la guerra con Alemania, un informe sobre la guerra de guerrillas elaborado por el mayor Lawrence Grand, del ejército británico, sugería: “El uso de organizaciones ya existentes en Alemania, por ejemplo, los comunistas”. Utilizar a los comunistas contra los fascistas o a los fascistas contra los comunistas: todo estaba permitido en la Realpolitik británica.

The Secret History of SOE: Special Operations Executive 1940-1945:  Mackenzie, William, Foot, M. R. D.: 9781903608111: Amazon.com: Books

En 1939, el coronel Colin Gubbins elaboró algunos documentos sobre la guerra de guerrillas. En The Secret History of SOE – the Special Operations Executive, el historiador William Mackenzie señala: “En su forma final, consistían en tres delgados panfletos impresos en papel de arroz y encuadernados en tapas de cartón marrón sin indicación de su contenido.

“La intención original era traducirlos a varios idiomas, pero no está nada claro qué uso se les dio finalmente. Se titulaban El arte de la guerra de guerrillas (22 páginas), Manual del líder partisano (40 páginas) y Cómo utilizar los explosivos de gran potencia (16 páginas más diagramas)”. Mackenzie escribe sobre El arte de la guerra de guerrillas: “Es evidente… que la doctrina se ha extraído en gran medida de la experiencia británica en la ofensiva bajo el mando de Lawrence, en la defensiva en Irlanda, Palestina, la frontera noroeste y Rusia”.

En 1940, después de Dunkerque, Gran Bretaña pensaba tanto en la resistencia antinazi en casa como en el continente. En mayo de ese año, el coronel Gubbins formó una nueva red de resistencia británica a la que se le suministrarían las mejores armas disponibles y modernos explosivos plásticos. Era muy secreta y su nombre, “Unidades Auxiliares”, fue elegido para ser lo más indefinido posible. De hecho, sigue siendo secreta hoy en día, ya que los documentos oficiales no se harán públicos hasta 2020.

El autor Daniele Ganser comenta en su autorizado libro de 2005 Nato’s Secret Armies: Operation Gladio and Terrorism in Western Europe: “Estas primeras unidades británicas Gladio recibieron un entrenamiento especial y fueron instruidas para “permanecer detrás” de las líneas enemigas en caso de una invasión alemana de la isla. Operando desde escondites secretos y depósitos de armas, podrían realizar sabotajes y guerra de guerrillas contra los invasores alemanes”.

Se crearon escondites secretos por toda Inglaterra

– The Secret Sussex Resistance, de Stewart Angell (1996), describe algunos en Amberley y Arundel Park, con el

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cuartel general local en Tottington Manor, en Small Dole, cerca de Henfield. Contenían armas para volar líneas de ferrocarril y atacar convoyes del ejército alemán, además de bidones de aceite de 50 galones llenos de una mezcla inflamable y enterrados en los bordes de las carreteras.

Esto es, de hecho, muy similar a los métodos de las insurgencias iraquíes y afganas contra las ocupaciones de Estados Unidos y el Reino Unido a principios del siglo XXI. Pero, por supuesto, esa gente es terrorista y nuestros muchachos en la Segunda Guerra Mundial habrían sido combatientes de la resistencia, ¡lo cual es un asunto completamente diferente!

Gran Bretaña nunca fue invadida, por lo que la red de stay-behind (permanecer detrás) nunca se activó. Pero los alemanes dejaron stay-behinds fascistas mientras se retiraban por Europa para atacar detrás de las líneas enemigas, incluyendo los llamados Werewolves.

La experiencia de estas operaciones paramilitares en ambos bandos de la Segunda Guerra Mundial iba a ser utilizada en la lucha anticomunista, con la red de resistencia “stay-behind” creada supuestamente en caso de una invasión soviética en la Europa occidental controlada por Estados Unidos.

El Ejecutivo de Operaciones Especiales se había disuelto oficialmente en enero de 1946, pero se mantuvo vivo en secreto para la Guerra Fría y el 30 de junio de 1947 se creó una nueva sección de “Operaciones Especiales” dentro del MI6 bajo el mando de Gubbins. El personal del SOE permaneció después del final de la guerra en Alemania, Austria, Italia, Grecia, Turquía y otros lugares como parte de esta nueva operación anticomunista, trabajando estrechamente con los estadounidenses.

Gladio fue dirigido por primera vez por el Comité Clandestino de la Unión Occidental (CCWU), fundado en 1948. Tras la creación de la OTAN en 1949, el CCWU se integró en el Comité de Planificación Clandestina (CPC), fundado en 1951 y supervisado por el SHAPE (Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa).

En Gran Bretaña, el Ejecutivo de Operaciones Especiales -que había formado las unidades stay-behind en tiempos de guerra- estaba, naturalmente, involucrado. Aunque Estados Unidos proporcionó gran parte de la financiación de Gladio, Gran Bretaña desempeñó un papel importante. Había una base cerca de Londres y los reclutas de Gladio se entrenaban con el SAS en Fort Monckton, cerca de Portsmouth, en Poole y también en Hereford, sede del SAS.

Se recurrió a antiguos nazis para crear una red de retaguardia, como al “carnicero de Lyon” Klaus Barbie y al jefe de espionaje de Hitler, Reinhard Gehlen.

¿Qué tipo de personas fueron reclutadas para formar parte de esta red paneuropea? Ganser, el autor mencionado anteriormente, señala con ironía que en Alemania en 1945 “la oferta de hombres totalmente anticomunistas entrenados en la guerra de guerrillas y con experiencia en el manejo de armas y explosivos era abundante”. Se recurrió a antiguos nazis para crear una red de retaguardia, como al “carnicero de Lyon” Klaus Barbie y al jefe de espionaje de Hitler, Reinhard Gehlen. En otros lugares, se reclutaron veteranos fascistas de la Guerra Civil española, militantes de la última república de Salo de Mussolini y otros extremistas de derecha, y se formaron escuadrones de nueve hombres, con dos líderes. Estaban armados con ametralladoras ligeras y granadas de mano.

Se crearon redes similares en toda Europa, y sólo veremos brevemente el tipo de cosas que hacían antes de volver al lugar donde todo se hizo público: Italia.

ESPAÑA. Bajo Franco se ha dicho que Gladio era el gobierno real. Instructores de la CIA entrenaron a fascistas europeos en las Islas Canarias españolas. El parlamentario Antonio Romera, del partido de la oposición española Izquierda Unida, investigó y descubrió que Gladio en España había “actuado contra militantes comunistas y anarquistas, como contra los mineros de Asturias y los nacionalistas catalanes y vascos”. En 1977, dos años después de la muerte de Franco, un ejército secreto de stay-behind, con el apoyo de terroristas de la derecha italiana, llevó a cabo la Masacre de Atocha en Madrid, atacando las oficinas de un abogado vinculado al Partido Comunista y matando a cinco personas.

PORTUGAL. Se creó una organización de fachada llamada Aginter Press, respaldada por la CIA y utilizada para reclutar y dirigir a los fascistas, apoyando al régimen de Salazar en casa y en las colonias africanas de Portugal. El

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Eduardo Mondlane

anarquista Stuart Christie, en su libro Stefano della Chiaie, habla sobre las actividades de Aginter Press en las colonias africanas portuguesas: “Su objetivo incluía la liquidación de los líderes de los movimientos de liberación,

la infiltración, la instalación de informadores y provocadores y el uso de falsos movimientos de liberación”. En Mozambique, en 1969, Aginter Press asesinó a Eduardo Mondlane, presidente del Partido de Liberación de Mozambique y líder del movimiento FRELIMO. También se cree que agentes portugueses y de la CIA de Aginter Press colaboraron con grupos de derecha italianos como Ordine Nuovo para poner bombas en Italia en 1969, que se atribuyeron a los izquierdistas.

BÉLGICA. En 1950 se cree que células de Gladio participaron en el asesinato del líder comunista Julian Lahaut. En la década de 1980, se realizó una horrible serie de atentados terroristas que causaron 28 muertes. Muchos sospechan que la rama belga de Gladio estuvo involucrada. En un artículo publicado en The Observer el 7 de junio de 1992, Hugh O’Shaughnessy escribió: “El objetivo del ejercicio había sido doble: poner a la policía belga en un estado de alerta mayor y, no menos importante, dar la impresión a la población en general de que el cómodo y bien alimentado Reino de Bélgica estaba al borde de la revolución roja”.

GRECIA. Desde el final de la guerra, hubo una larga y sangrienta batalla por parte de Gran Bretaña y Estados Unidos para mantener a la izquierda fuera del poder. Cuando Grecia ingresó a la OTAN en 1952, las fuerzas especiales del país, el LOK, se integraron con Gladio. El ex ministro de Defensa griego, Yannis Varvitsiotis, ha admitido desde entonces: “Los comandos locales y la CIA crearon una rama de la red en 1955 para organizar la resistencia guerrillera a cualquier invasor comunista”. En 1967 participaron en un golpe militar respaldado por la CIA, un mes antes de las elecciones que se esperaba que ganara la izquierda. Esto estableció el “Régimen de los coroneles” de derecha, que gobernó a Grecia hasta 1974.

TUQUÍA. El ejército de stay-behind era conocido como “Contraguerrilla” y estaba muy vinculado al MIT, la agencia de inteligencia turca. Participó en terrorismo interno, matando a cientos de personas como parte de una “estrategia de tensión” que condujo a dos golpes de Estado militares en los que estuvo directamente implicado -con apoyo secreto estadounidense- en 1971 y 1980.

y más de 1.000 heridos en la violencia política.

Pero en esos mismos años, en otro lugar de Europa, hubo 2.618 muertos y más de 33.000 heridos. ¿En qué lugar sucedió esa pesadilla?  En Irlanda del Norte.  ¿Y cuál es el Estado al que con frecuencia se acusa de participar en la violencia? A Gran Bretaña.

Aquí no podemos hacer nada más que arañar la capa superficial de la historia de los problemas, pero si pudiéramos, nos gustaría examinar más de cerca:

* Freddie Scappaticci, alias Stakeknife, el agente británico que se infiltró en el IRA para dirigir su seguridad interna y que ordenó asesinar a 40 personas por ser de riesgo para la seguridad, y que presumiblemente no lo eran. Se dice que ahora vive en Italia, donde sin duda se siente muy a gusto.

* Brian Nelson, el agente británico que se convirtió en el jefe de inteligencia de la Asociación de Defensa del Ulster,

IRA SPY AN AGENT OF DEATH - PressReader

desempeñaba un papel similar al otro lado del mortal laberinto de espejos.

* Los seis de Birmingham, los cuatro de Guildford y los siete de Maguire, todos ellos condenados erróneamente por atentados republicanos. O tal vez deberíamos poner algunas comillas alrededor de “republicano”, porque si no son responsables, quién sabe quién estaba realmente detrás de los atentados y por qué el establishment británico estaba tan interesado en encontrar a alguien a quien culpar. Por cierto, la bomba de Birmingham llevó al gobierno laborista de 1974 a aprobar la Ley original de Prevención del Terrorismo.

* Todavía quedan interrogantes sobre el atentado de Omagh del 15 de agosto de 1998, que generalmente se atribuye a un grupo republicano disidente. Las mentes sospechosas han señalado el hecho de que el horror público ante el atentado, en el que murieron 29 personas, permitió al gobierno de Tony Blair apresurarse a aprobar una controvertida legislación antiterrorista de “emergencia”, en forma de Ley de Justicia Penal (Terrorismo y Conspiración) de 1998, poco después del atentado, en septiembre de 1998. Esta ley permitía condenar a las personas por pertenecer a una organización prohibida simplemente por la opinión de un oficial de policía de alto rango, creaba un delito de conspiración para cometer delitos en el extranjero y, en general, prefiguraba la legislación terrorista más reciente. Afortunadamente, incluía una cláusula que otorgaba a “todos los agentes de la Corona inmunidad frente a las acciones judiciales previstas en la legislación”.

* Sospechas constantes de la implicación del Estado británico en asesinatos sectarios, que siguen sin desaparecer, aunque su enfoque cambió repentinamente a una nueva “guerra contra el terrorismo” justo cuando se declararon terminados los “problemas”. Se han formulado preguntas sobre la participación del Estado en las muertes de Rosemary Nelson, el leal Billy “King Rat” Wright, el católico Robert Hamill y los oficiales de la RUC Harry Breen y Bob Buchanan.

En 2012, el primer ministro David Cameron se vio obligado a afirmar que el nivel de complicidad estatal descubierta por un informe sobre el asesinato del abogado de Belfast Pat Finucane era “alarmante”, aunque el informe concluyó, como era de esperarse, que no había habido “ninguna conspiración estatal general”. No, por supuesto que no.

Hay un desbordamiento en la política continental también, con el investigador Larry O’Hara, por ejemplo, apuntando a una agenda estatal para reflejar el campo de batalla IRA/Loyalist con un conflicto antifascista/extrema derecha en Inglaterra, mediante el uso de infiltrados, agentes provocadores y pseudo-gangs. Los atentados con clavos de 1999 en Londres, supuestamente llevados a cabo en solitario y sin ayuda por un extremista de derechas, David Copeland, están bajo cierta sospecha, sobre todo porque las autoridades parecen haber sabido, de antemano, exactamente a qué zona iba a apuntar su última bomba.

Por supuesto, los atentados terroristas “islámicos” siguen suscitando interrogantes: abundan las teorías sobre los verdaderos responsables del 11 de septiembre o del 7 de julio, y se han señalado vínculos entre los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses, los servicios de inteligencia paquistaníes y grupos como Al Quaeda – de repente de “nuestro lado” en Siria.

Una organización estatal muy implicada en la guerra sucia en Irlanda fue el SAS. Exaltada por los medios de comunicación de derecha, esta rama élite y secreta del ejército es, en realidad, más o menos la respuesta británica a las SS.

Creada en 1942 para atacar detrás de las líneas enemigas en el norte de África, fue disuelta al final de la guerra, en octubre de 1945, y su trabajo aparentemente terminó. Añade Ganser en su libro sobre Gladio: “Sin embargo, como la necesidad de trucos sucios de máximo secreto y de operaciones temerarias resurgió tan rápidamente y el poder global del Imperio Británico estaba declinando, el SAS renació y en 1947 luchó tras las líneas enemigas en Malasia”.

Desde entonces, el SAS ha permanecido a la vanguardia del imperialismo británico: asaltó la embajada iraní en

Front Cover

1980, luchó en la Guerra de las Malvinas en 1982, en la Primera Guerra del Golfo en 1991 y entrenó y equipó en secreto a las fuerzas del Ejército de Liberación de Kosovo en 1999, en estrecha relación con sus amigos los Boinas Verdes estadounidenses, una especie de organización gemela transatlántica. En 1990, un documental de la BBC titulado The Unleashing of Evil reveló cómo el SAS y los Boinas Verdes habían torturado a prisioneros durante los últimos 30 años en todas las campañas importantes, desde Kenia hasta Irlanda del Norte, Omán, Vietnam, Yemen y Chipre. El SAS y los Boinas Verdes entrenaron a unidades de los Jemeres Rojos en Camboya bajo el mandato de Thatcher y Reagan, y el SAS entrenó a los muyahidines, futuros combatientes de Al Quaeda y los talibanes, en la fabricación de bombas y otras artes negras en Pakistán en los años ochenta y noventa, como reveló John Pilger en su libro The New Rulers of the World.

Se dice que las funciones actuales del SAS incluyen “operaciones de lucha contra el terrorismo dentro y fuera del Reino Unido; el entrenamiento de soldados de otras naciones y la formación de guerrilleros en actividades de guerra no convencional y de guerra contrarrevolucionaria en apoyo de la política exterior del gobierno del Reino Unido”.

Como se ha mencionado anteriormente, el SAS estuvo involucrado en Gladio, actuando como brazo de entrenamiento para la guerra de guerrillas y el sabotaje. Las unidades italianas de “stay-behind” fueron entrenadas en Gran Bretaña y el SAS construyó escondites secretos para esconder armas en Alemania Occidental. También colaboraron estrechamente con una organización armada suiza encubierta llamada P26. Ofrecían entrenamiento en Gran Bretaña, y el SAS también visitaba Suiza.

Los suizos incluso participaron en un asalto real a un depósito de armas del IRA en el que por lo menos murió un activista del IRA, revela Ganser.

Este malicioso papel continúa hoy en día. Por ejemplo, Simon Mann, el supuesto “ex” hombre del SAS admitió haber participado en un intento de golpe de Estado en Guinea Ecuatorial, junto con el hijo de la difunta Margaret Thatcher, Mark.

O Ben Griffin, el ex soldado del SAS que habló en una conferencia de prensa de Stop the War en 2008 sobre el papel de Gran Bretaña en el secuestro ilegal de personas y su entrega para que fueran torturadas, y que fue rápidamente notificado con una orden judicial de silenciamiento por el gobierno británico.

A veces es muy fácil enfocarse en las atrocidades estadounidenses en todo el mundo, desde los golpes de Estado en América Latina hasta Vietnam o la Bahía de Guantánamo, y hacer caso omiso al papel que nuestro propio Estado, ha desempeñado y sigue desempeñando, como socio número uno de Estados Unidos en el crimen.

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El historiador Mark Curtis escribió en Web of Deceit en 2003: “La idea de que Gran Bretaña apoya el terrorismo es un oxímoron en la cultura política dominante, tan ridículo como sugerir que Tony Blair debería ser acusado de crímenes de guerra. No obstante, el terrorismo patrocinado por el Estado es la categoría más grave de terrorismo en el mundo actual, responsable de muchas más muertes en muchos más países que el terrorismo “privado” de grupos como Al Quaeda. Muchos de los peores delincuentes son aliados clave de Gran Bretaña. De hecho, según cualquier consideración racional, Gran Bretaña es uno de los principales partidarios del terrorismo en el mundo actual. Pero este simple hecho nunca se menciona en la cultura política dominante”.

Gran Bretaña es uno de los principales partidarios del terrorismo en el mundo actual

¿Qué lecciones podemos aprender de todo esto?

Primero que todo, es fundamental reconocer que existe un poderoso complejo militar-industrial capitalista, que es completamente despiadado a la hora de perseguir sus objetivos. Está claro que el enemigo de este sistema no es específicamente el comunismo -aunque durante la Guerra Fría y específicamente en Italia los comunistas eran vistos como la principal amenaza- sino todo lo que amenaza con bloquear el dominio de ciertos intereses comerciales. Curtis ha escrito sobre “la abrumadora necesidad de Gran Bretaña de mantener los recursos económicos en las manos apropiadas: élites que dan un trato favorable a los negocios occidentales”.

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En su libro de 1988 The culture of terrorism, Noam Chomsky recuerda cómo, en la Segunda Guerra Mundial, el presidente estadounidense Franklin Roosevelt anunció las Cuatro Libertades que Estados Unidos y sus aliados defenderían en el conflicto contra el fascismo: libertad de expresión, libertad de culto, libertad de la miseria y libertad del miedo. Dice Chomsky: “La conclusión central -y no muy sorprendente- que se desprende de los registros documentales e históricos es que la política internacional y de seguridad de Estados Unidos, enraizada en la estructura de poder de la sociedad nacional, tiene como objetivo primordial la preservación de lo que se podría llamar “la Quinta Libertad”, entendida de forma burda pero con bastante exactitud como la libertad de robar, explotar y dominar, de emprender cualquier curso de acción para garantizar la protección y el avance de los privilegios existentes”.

Este control global no se mantiene únicamente a través del terrorismo o la represión, sino que existe todo un espectro de actividades que van desde la financiación de los partidos políticos y la preparación de los políticos emergentes, hasta el control de los medios de comunicación.

Este control global no se mantiene únicamente a través del terrorismo o la represión, sino que existe todo un espectro de actividades que van desde la financiación de los partidos políticos y la preparación de los políticos emergentes, hasta el control de los medios de comunicación. Tenemos que reconocerlo como una realidad y dirigir nuestros esfuerzos en consecuencia. Por ejemplo, si este sistema es lo suficientemente despiadado como para cometer actos de terrorismo contra su propio público, o dar golpes de Estado para preservar su control total del poder, ¿puede alguien creer que permitirá que un grupo radical le arrebate ese poder ganando unas elecciones?

Eso no va a ocurrir, como tampoco van a poder los auténticos grupos radicales hacerse con el control del Estado mediante una revolución armada. No tiene sentido luchar contra el Estado en un terreno en el que está destinado a ganar. Tenemos que buscar primero métodos más sutiles, desestructurados, caóticos, orgánicos y subversivos para lograr el cambio y ganar nuestra libertad, trabajando a través de la protesta flexible y la acción directa, la actividad comunitaria de base, los medios de comunicación alternativos, creando nuestras propias estructuras paralelas, si se quiere.

En segundo lugar, las revelaciones de espionaje policial en los medios de comunicación del Reino Unido en 2013 indican, con suerte, que más personas perciben que los infiltrados del Estado y los agentes provocadores no son una invención paranoica y que realmente existen. Pero también debemos ser conscientes de que lo que sabemos puede ser solo la punta del iceberg y que el papel de los espías estatales no es solo vigilar o sabotear, sino también controlar la dirección que toman los grupos.

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También debemos tener en cuenta que los esfuerzos del Estado son especialmente exitosos cuando existe una jerarquía organizativa de la que pueden apoderarse. Gianfranco Sanguinetti, en su libro Del terrorismo y del Estado, sostiene que es fácil para los servicios secretos hacerse con el control de los auténticos grupos y manipularlos en su propio beneficio: “Todos los grupos terroristas secretos están organizados y dirigidos por una jerarquía que se mantiene en secreto incluso para sus propios miembros, y que refleja la división del trabajo típica de este tipo de organización social: las decisiones se toman en la cúspide y se ejecutan en la base. La ideología y la disciplina militar protegen a los verdaderos dirigentes de cualquier riesgo y a la base de cualquier sospecha”.

Obviamente, esto no se aplica sólo a los grupos paramilitares, sino a cualquier movimiento radical. Todo el mundo tiene la responsabilidad de pensar por sí mismo. Si no sigues las órdenes, no puedes ser utilizado para los propósitos de otros. No es casualidad que sean los grupos fascistas y comunistas -ambos muy jerarquizados- los que hayan sido secuestrados con éxito para fines estatales.

Si no sigues las órdenes, no puedes ser utilizado para los propósitos de otros. No es casualidad que sean los grupos fascistas y comunistas -ambos muy jerarquizados- los que hayan sido secuestrados con éxito para fines estatales.

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En tercer lugar, es claramente importante que no nos dejemos manipular mentalmente por el terrorismo. El impulso que había acumulado el movimiento anticapitalista en Estados Unidos, después de Seattle y demás, se disipó en gran medida con el 11 de septiembre, un ejemplo de la Doctrina del Shock expuesta por Naomi Klein en su conocido libro. Esa ola de disidencia no volvió a crecer hasta el movimiento Occupy. Cualquiera que esté activo en la política radical en esa época recordará haber conocido a gente después del atentado de las Torres Gemelas que decía que el mundo había cambiado completamente y que no podían seguir protestando. El 7 de julio, en el campamento de Stirling para las protestas del G8 de 2005, llegó la noticia de los atentados de Londres. Inmediatamente se propuso una resolución, que de alguna manera fue aprobada por el sistema de votación de los delegados, en la que se declaraba que, dadas las circunstancias, la protesta “de confrontación” ya no era apropiada…

También deberíamos aprender a distinguir entre resistencia armada y terrorismo -tanto a nivel mundial como nacional- y poder detectar la posible motivación de los atentados.

Ganser escribe que la Rote Armee Fraktion y las Brigadas Rojas (aunque ambas acabaron infiltradas) “no atacaban a concentraciones masivas de población, sino que se dirigían muy selectivamente a individuos que representaban el ‘aparato del Estado’, como banqueros, generales y ministros a los que secuestraban y con frecuencia asesinaban…”. A diferencia del terror de la izquierda, el terror de la derecha pretendía meter el miedo en los huesos de toda la sociedad y por eso colocaba secretamente sus bombas entre la población para matar indiscriminadamente a un gran número de personas con el fin de culpar erróneamente a los comunistas”.

Había que atacar a la población civil, al pueblo, a las mujeres, a los niños, a los inocentes alejados de cualquier juego político. La razón era muy sencilla. Debían obligar a esa gente, al público italiano, a dirigirse al Estado para pedirle mayor seguridad

Vinciguerra

Dijo el fascista Vinciguerra: “Había que atacar a la población civil, al pueblo, a las mujeres, a los niños, a los inocentes alejados de cualquier juego político. La razón era muy sencilla. Debían obligar a esa gente, al público italiano, a dirigirse al Estado para pedirle mayor seguridad. Esta es la lógica política que está detrás de todas las masacres y atentados que permanecen impunes, porque el Estado no puede condenarse ni declararse responsable de lo ocurrido”.

El objetivo del terror de Estado es engañar a la población para que reaccione de la manera que el Estado desea.

En definitiva, el arma más importante de nuestro arsenal es la información. Debemos difundir el conocimiento del funcionamiento del Estado, del hecho de que en el pasado ha utilizado el terrorismo como dispositivo para sus propios fines y puede volver a hacerlo.

Esto no es lo mismo que suponer automáticamente que todos los atentados terroristas que se producen son falsos: no siempre será así. Pero estudiando ejemplos del pasado y tomando las pautas que suelen seguir, podemos hacernos una idea bastante aproximada de lo que es probable que ocurra e informar a otras personas de ello.

El objetivo del terror de Estado es engañar a la población para que reaccione de la manera que el Estado desea. Si los poderes existentes saben que ya nadie cae en la trampa, no tendrá sentido que utilicen esa estrategia en primer lugar.

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